El máximo responsable de la Iglesia católica española, cardenal Rouco Varela, nos desvela su escondido entusiasmo por los referendos, tan queridos por la dictadura franquista y a la que él nunca hizo ascos. Esta vez reclama un referéndum sobre el matrimonio gay, ya que, a su entender, “va contra todas las civilizaciones”.
Patrimonio de la Humanidad:
La campaña que ha organizado el Ayuntamiento de Salamanca para la celebración de los 20 años como Ciudad Patrimonio de la Humanidad, de “Apadrina un Monumento” se ha convertido en un cínico interés sobre el Patrimonio de nuestra ciudad. ¿Solo tenemos 10 monumentos importantes en Salamanca? ¿No sería mejor apadrinar a monumentos, que en éstos momentos, pasan por situaciones de abandono? Está claro que nuestros políticos tienen un gran desconocimiento del patrimonio monumental de Salamanca. Que sarcasmo, el Alcalde de Salamanca, incumple y no respeta las normas de la UNESCO, ahora pide padrinos ¿y madrinas?
La Constitución Española proclama en su artículo 6 que la estructura interna y el funcionamiento de los partidos políticos “deberán ser democráticos”. Si los partidos políticos “expresan el pluralismo político, concurren a la formación y manifestación de la voluntad popular y son instrumento fundamental para la participación política” parece no sólo razonable, sino deseable, que se rijan por el principio democrático.
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Algunos conflictos que vemos diariamente en los medios de comunicación son puramente imaginarios y generados artificialmente con fines perversos. Es el caso de la tan denostada materia de Educación para la Ciudadanía, atacada hasta la saciedad por los medios de comunicación conservadores donde ha llegado a escribirse que los impíos socialistas desean, a través de la enseñanza de esta materia, la destrucción de las mentes adolescentes para corromperlas retorcidamente.
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No ha sido este Congreso Provincial de Salamanca, en el que mucha gente había puesto sus esperanzas de renovación interna, un ejemplo de buen hacer para los ciudadanos ni para gran parte de sus propios militantes. Se dice con frecuencia que un proceso de este tipo ha de ser una fiesta democrática, que ha de servir de escaparate ante la sociedad para dar a conocer las propuestas elaboradas democráticamente entre todos sus militantes a través del enriquecedor debate de ideas y, por último, que ha de buscar con generoso criterio el mejor equipo de dirigentes encargados de defender esas ideas aprobadas por todos. No ha sido nada de eso y la sociedad salmantina ha quedado decepcionada.
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